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COMUNICACIÓN, GLOBALIZACIÓN Y NUEVAS TECNOLOGÍAS
Intervención de Osvaldo León, Coordinador de ALAI
Autor:
Osvaldo León
Fecha de Publicación:
10/03/1999
Contenido
Palabras claves:
Localización:
Ciberoteca > Archivos > esp_doc_13.html
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Vivimos una época marcada por la magnitud de la velocidad e intensidad de los cambios en los diversos órdenes de la vida, donde la información y el conocimiento han pasado a constituirse en el bien más preciado. A ello se debe que para dar cuenta de esta nueva realidad se hable de la "sociedad de la información o era de la comunicación".

El eje articulador de estos cambios es el proceso de globalización o mundialización que en un sentido general se refiere al achicamiento del mundo por la erosión de todo tipo de fronteras y la consiguiente reconfiguración de lo s mecanismos e instancias de decisión. De ahí que ha recobrado actualidad la imagen de "aldea global" de McLuhan, puesto que, por ejemplo, cuestiones que antes se circunscribían al ámbito local o nacional ahora trascienden las fronteras, mientras los asuntos que han alcanzado pertinencia globalmente se tornan ineludibles a nivel local.

De hecho se trata de un proceso en el que confluyen dinámicas diferentes y complejas, pero cuyo ritmo y orientación están determinados por la lógica que impone el nuevo ciclo de acumulación capitalista que hoy se present a bajo la impronta neoliberal. En este plano, la globalización expresa el reordenamiento mundial basado en la interdependencia de las economías bajo la batuta del capital financiero y la reducción del peso e importancia de los Estados nacionales. O sea, estamos ante un proceso objetivo en cuyo curso es determinante la orientación ideológica del neoliberalismo. Tan es así que, por ejemplo, mientras por un lado se acortan las distancias; por otro, no dejan de acentu arse las desigualdades sociales y geográficas, como ha sido ampliamente reconocido en la Cumbre Social realizada en Copenhague en 1995.

Uno de los factores gravitantes de los cambios en curso tiene que ver con el desarrollo de nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC), que se ha traducido en la articulación de un sistema planetario de comuni cación que puede operar indistintamente por diversos canales y de manera simultánea, dando lugar al "multimedia" y a la emergencia de una nueva realidad espacio-temporal, el ciberespacio.

A la base de este desarrollo se encuentra la "convergencia" de la microelectrónica, las computadoras y las telecomunicaciones. Aquí la palabra "convergencia" es clave, pues se refiere a la sustitución de canales que han venido operand o de manera diferenciada (telefonía, fax, radio, televisión, etc.) por una sola tecnología: la transmisión de información digital vía interfaces (switches), como quien dice, un sistema de traducción para qu e puedan comunicarse computadoras configuradas de manera diferente.

El exponente paradigmático de esta tecnología es el Internet o la red de redes de computadoras conectadas entre sí a través del mundo, que básicamente ofrece servicios de comunicación (correo electrónico, t eleconferencias, etc.), servicios de información organizada (banco de datos, boletines electrónicos, etc.) y la posibilidad de ofrecer información al conjunto de la red (WEB).

Hasta hoy el Internet se ha desarrollado como un sistema descentralizado, horizontal, que puede movilizar cualquier cantidad de información, de manera bi o multidireccional y con un gran potencial para la interactividad, por eso se lo presenta figu radamente como una telaraña. Por estas características es un medio único (pues no hay otro) para potenciar o fomentar la articulación de redes y grupos de interés. Y esto no es ajeno al hecho de que el Internet, si bien nació como un proyecto experimental de carácter militar, cobró cuerpo en el marco de iniciativas académicas y de grupos ciudadanos.

En efecto, históricamente la institucionalización de los medios de comunicación (establecimiento de normas, códigos, lenguajes, etc.) ha sido una prerrogativa de las élites y la posibilidad de los grupos subordinados de acceder a tales tecnologías se circunscribía a las líneas que podríamos llamar de "desecho". Sucede que, por diversas razones, con la comunicación por computadoras por primera vez un conjunto de instancias sociales (acad émicas, ONGs, etc.) logró acceder a esta tecnología de punta e incluso gravitar en ella y sus formas de uso cuando estaba en el período de prueba. Esta presencia temprana de organismos sociales en la red, facilitada por el rela tivamente bajo costo de la operación, ha sido decisiva para que ésta se desarrolle como un "sistema abierto".

Sin embargo, a medida que este medio fue adquiriendo preponderancia, su curso ha pasado a ser disputado por las grandes empresas del sector con inversiones que sólo ellas puedan realizar, en un enfrentamiento sin contemplaciones, lo cual por ejempl o se refleja en la acelerada obsoletización de equipos, aplicaciones y programas para operar en la red. Así, mientras por un lado la lógica del mercado pugna por imponerse en el Internet, amenazando su naturaleza universal, pues todo indica que ello conllevará al establecimiento de subredes de carácter empresarial privado; por otro, desde los centros de poder político se busca establecer regulaciones para imponer cortapisas al carácter abierto que hasta aho ra ha marcado su desarrollo.

Mucho se ha escrito sobre el futuro del Internet y su impacto, pero de todo ello lo único que queda en claro son las aspiraciones de l@s autor@s. Y es que el despliegue de las NTIC se ha dado a un ritmo tan acelerado que prácticamente no ha dejado tiempo para la formulación de conceptos que permitan interpretarlas, por lo que se ha tornado usual referirse a ellas por medio de metáforas, como la que nos habla de "autorutas de la información". Por lo mismo, para su impleme ntación tampoco se ha tomado en cuenta su impacto en todos los aspectos (económicos, sociales, políticos, culturales, etc.): las consecuencias quedan para ser constatadas a posteriori como datos de la realidad. Tal como van las cosas, al mortal que quiera indagar el futuro, antes que respuestas coherentes lo más seguro es que encuentre la sensación del vértigo y la incertidumbre.

Las NTIC han repercutido en todas las esferas del convivir social y están lejos de haber concluido. Así, la producción basada en el uso intensivo de la fuerza de trabajo ha tenido que ceder su preponderancia al factor tecnológi co sustentado estratégicamente en la información y el conocimiento, estableciendo a la vez nuevas lógicas organizativas para transformar la industria centralizada en una red de unidades productivas descentralizadas a lo largo y ancho del planeta, donde lo que cuenta es que fluya información (más que los productos y las personas). He ahí una de las condiciones de la globalización.

En la esfera política, con la crisis de los Estados nacionales y de las instituciones en las que se basaban para dirimir los conflictos sociales, ahora el manejo comunicacional se ha tornado decisivo. El mercadeo, los sondeos, el manejo de imagen y otras salsas más, de lejos hoy son más importantes que cualquier definición programática.

En este marco, el tradicional poder de los medios de comunicación se ha reforzado de manera inédita al punto que hoy no sólo se permiten determinar lo que tiene o no pertinencia social, sino establecer su propia agenda pública, sin necesariamente buscar consensos con los actores sociales. Es más, ante la desintegración y atomización social que provoca la dinámica dominante del neoliberalismo, los medios de comunicación se presentan como la &ua cute;nica instancia con capacidad articuladora. Esto es, ahora son ellos que cumplen roles de control social que antes tenían otras instituciones como la iglesia, la escuela, etc.

Social y culturalmente hablando basta con decir que una serie de instrumentos y aplicaciones resultantes de la revolución tecnológica de la comunicación, tales como los videojuegos, el teléfono celular, las computadoras port&aa cute;tiles y otros aparatos más, se han convertido nada más ni nada menos que en los íconos de la modernidad en curso.

El impacto sobre los procesos de conocimiento ha sido de tal magnitud que se considera que habrá que esperar una o dos generaciones para que puedan asimilar la nueva realidad que se ha creado con el despliegue de las computadoras ("máquinas inteligentes" que pueden realizar funciones consideradas antes como prerrogativas de la mente humana), la conformación de inagotables bancos de datos, las repercusiones del audiovisual y multimedia sobre lo escrito, entre otras. Desde que se inici& oacute; este siglo fue preciso que transcurrieran cincuenta años para que se duplique el conocimiento de la humanidad; hoy se estima que el conocimiento humano se duplica cada cinco años.

Y en el propio plano de la comunicación, conceptos básicos como el que establecía una separación de unidades discretas entre emisor, canal y receptor han perdido vigencia: ahora hay que lidiar con un sentido integral y complejo del proceso.

Con todo lo expuesto no queda sino señalar que una de las características con que se presentan las NTIC es la ambiguedad. Es tan así que mientras ellas ofrecen un enorme potencial para hacer posible experiencias descentralizadas y par ticipativas, desde la dimensión local a la planetaria; por otra, pueden favorecer la aparición de estructuras altamente centralizadas y autoritarias. Dicho en otros términos, la globalización de la comunicación puede dar paso a sociedades basadas en la apertura, la tolerancia, la libertad o bien a la imposición hegemónica de tal o cual potencia, sepultando a las pequeñas comunidades y los países débiles.

Habiendo pasado a convertirse en un sector de punta de la economía, cuando no en la locomotora misma de ésta, los bonos de la industria de la comunicación han pasado a cotizarse en el mercado cada vez más a la alza y, por tanto , cada vez son menos quienes están en posibilidad de adquirirlos, generándose así un incremento considerable de la concentración monopólica de tales recursos. Las fusiones que se están dando entre las megacorporac iones que actúan en este sector o quieren entrar en él, es un indicativo claro de este proceso.

Pero además de las motivaciones económicas, el interés por la comunicación tiene que ver también con su creciente importancia estratégica en términos de poder. Como es conocido, una de las caracterís ticas del neoliberalismo es su incapacidad para legitimarse, debido a que uno de sus componentes intrínsecos es la exclusión social. Por lo mismo se le ha tornado fundamental el control del mundo simbólico y cultural (donde se constru yen los sentidos) para ocultar su condición ideológica y propagar que es la "única" e "inevitable" opción social posible para toda la humanidad. Es lo que se ha dado en llamar el "pensamiento único". En este empeñ o es que se refuerza la importancia de las técnicas y tecnologías de comunicación, en el sentido de que además de los criterios de ganancia (razón suprema de una inversión) cuenta la ecuación que establece que a mayor importancia de un factor, hay que establecer mayor control, para así ganar mayor poder.

Una de las consecuencias de este proceso de concentración monopólica es que prácticamente anula una de las conquistas más importantes que la humanidad ha alcanzado en su devenir histórico: el Derecho a la Informaci&oacut e;n, cuyo ejercicio pleno requiere de una pluralidad de fuentes y de medios de información y una gestión democrática y transparente.

Por otra parte, profundiza una nueva brecha entre "info-ricos" e "info-pobres", entre países del Norte sobre-equipados y países del Sur sub-equipados. Para los países en desarrollo ello implica tener que afrontar un nuevo desafí ;o, el de la información, siendo que por lo general ni siquiera han logrado responder a la solución de necesidades vitales de sus poblaciones. Sin embargo, no hacerlo, por atender lo emergente, simplemente llevaría a descuidar el desa rrollo a mediano y largo plazo, no porque la información por sí sola tenga la virtud de resolver tales problemas, sino porque es una condición para encontrar soluciones.

Con las NTIC la humanidad ha alcanzado un potencial inédito para comunicarse, sin embargo uno de los más graves problemas de nuestros días es la incomunicación. Y éste no es un problema que resulta de la tecnologí a en sí, cuanto que de los usos y lógicas que imprimen las fuerzas e intereses que la manejan. La historia demuestra que el progreso tecnológico no necesariamente implica progreso social. Hoy las NTIC nos ofrecen una gran capacidad pa ra que fluya información casi sin limitación alguna, pero sin que ello signifique una mayor democratización. En suma, el hecho es que junto a las oportunidades que ofrecen, también plantean riesgos que pueden conllevar a una pr ofundización de las disparidades y las relaciones de dominación existentes en el mundo. Y esta no es una cuestión que ha de derimirse con tal o cual modelo comunicacional, sino en términos de relaciones de fuerza sociales y el concepto de democracia que ellas impulsan. De ahí la pertinencia de este Foro y su propuesta: "comunicación para la democracia, democracia en la comunicación."

San Salvador, 11 de septiembre de 1998.


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Última modificación: 23/09/1999